El agua de los sentidos

Yo siempre he pensado que si conseguía un espacio para mí y para relajarme, un lugar que fuera sólo mío y para los míos pues que ese lugar tendría piscina. Puede que para otros sea una tontería pero para mí no. Mi marido, que no puede ser más majo, ha estado guardando durante dos años una parte de su sueldo sin que yo me enterara y el mes pasado contactó con unos fantásticos fabricantes de piscinas y ¿a qué no sabéis qué? Ya me la están construyendo.

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Yo siempre he pensado que si conseguía un espacio para mí y para relajarme, un lugar que fuera sólo mío y para los míos pues que ese lugar tendría piscina. Puede que para otros sea una tontería pero para mí no. Mi marido, que no puede ser más majo, ha estado guardando durante dos años una parte de su sueldo sin que yo me enterara y el mes pasado contactó con unos fantásticos fabricantes de piscinas y ¿a qué no sabéis qué? Ya me la están construyendo.

Tal vez sea por haber nacido al lado del mar o no sé, pero necesito el agua, saber que está ahí aunque un día o dos o veinte no me bañe. Es como si a otro le preguntasen qué necesitaría tener en un rincón para que fuese su lugar especial y dijese que tres botellas de cava y un bote de fresas, o habrá quien quiera música relajante y un masajista profesional personal e intransferible o a saber cuán tas cosas más. Yo sólo necesito agua, aunque fuera un charco en el que meter los pies, pero agua.

Su sonido me calma, su olor me hace sentirme como en casa (porque el agua huele, digan lo que digan) y poder flotar en ella, relajada, eso ya es un lujo para mí y para el bienestar de mi cuerpo. La necesito como el respirar.

Luego, cuando tenga mi piscinita que estará lista para este verano (aún no me lo termino de creer), vendrán otros problemas como puede serlo el tiempo. Odio decirlo porque te paras a pensarlo y es como si la vida se te fuera haciendo aquello que realmente no te apetece hacer y lo que en realidad te aporta beneficios, a ti misma, a tu persona, acaba quedando en un segundo plano inevitablemente pero, sea como sea, no tengo casi tiempo para mí misma.

Llego del trabajo tarde y siempre queda algo por hacer de la casa o algo que comprar y cuando me vengo a dar cuenta es hora de hacer la cena así que, al final, mi tiempo para relajarme se reduce al tiempo en el que puedo ver un rato la televisión o hablar con mi pareja antes de irme a dormir así que… ¿de dónde voy a sacar el tiempo para meterme en la piscina este verano? Los fines de semana, claro, pero ¿y entre semana? Tal vez tenga que hacerme algún tipo de horario organizativo en el que me deje, por lo menos, media horita cada dos días para poderme meter dentro del agua y amortizar esa pedazo piscina que me está construyendo mi marido.

Y es que el agua relaja pero ¿por qué nos relaja el agua? Pues por ejemplo porque el 75% de nuestro cuerpo está compuesto por agua así que meternos en ella debe ser como meter agua en el agua ¿no? Además he leído que el agua es ideal para abrir los vasos sanguíneos por ejemplo y por encima de los 35ºC los baños estimulan el sistema inmune y aumentan la circulación.

El agua fría estimula el metabolismo. Es decir, que los vasos principales se contraen, la sangre es impulsada al centro del cuerpo y los órganos internos son irrigados con mayor fuerza. ¿Veis como tiene muchos beneficios? Ya no soy yo la única que necesita el agua para relajarse…

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