Y quería ser profesora…

Hace mucho tiempo que abandoné mi sueño de ser profesora. No es que lo hubiera deseado desde niña, de hecho estudié historia sólo porque era lo que más me gustaba pero no porque quisiera enseñar, y me especialicé en arqueología. Luego la vida me enseño que de la arqueología no se vive, al menos no en el 90% de los casos, y pensé que podía compartir mis conocimientos con los más jóvenes.

Eso provocó que siguiera estudiando, primero para sacarme la capacitación docente y luego para obtener mi título de máster, y la cosa no acabó ahí porque, para ser profesora hay que estudiar mucho más. En preparadoresvalladolid.es me prepararon para aprobar la oposición y yo estudié como nunca para ser una de las opositoras con más nota final tras las dos pruebas del examen y aprobé, lo conseguí, pero la crisis paró las oposiciones de años siguientes, y paró las listas de la bolsa de educación, lo paró todo, y yo abandoné mi sueño de ser profesora.

No me voy a quejar porque las cosas no me han ido mal del todo. Tengo un buen trabajo y tengo la suerte de que me gusta, mis compañeros/as son encantadores y disfruto de la vida cuando las circunstancias me lo permiten. Sin embargo, ese antiguo sueño dejó un poso en mí y no puedo evitar querer estar siempre informada sobre lo que mueve la educación de nuestro país, a pesar de que se diga que “muy buena” no es.

La educación no es política

En mi opinión la culpa es de los partidos políticos que se empeñan en ir cambiando la ley de educación según conviene y no creo que eso beneficie a nadie, mucho menos a nuestros estudiantes. Ahora bien, tampoco estoy diciendo que me gusta una de esas leyes y que debiera haber seguido vigente porque a todas las que se han propuesto hasta ahora les veo problemas, lo que digo es que poniendo una buena base y mejorándola año tras año, para ir avanzando hasta un modelo un poco más nórdico es cómo sí habríamos conseguido buenos resultados. Es como cuando empiezas a construir una mesa: al principio sólo le pones cuatro patas y un tablero encima pero luego, conforme avanzas, puedes añadirle decoración, formas diferentes e incluso puedes arriesgar un poco en su estructura, pero sólo cuando la base es lo suficientemente buena como para soportar el peso de los pequeños cambios. Puede que llegue un momento el que la mesa sea tan psicodélica que no parezca la misma pero debajo de toda esa decoración y de todos esos acabados seguirá estando la misma base, y eso es lo bueno.

Sin embargo, hay expertos que no opinan como yo, Héctor G. Barnes opina que la situación no es tan pesimista como muchos la pintan, aunque reconoce que algunas de las cosas que el Gobierno ha venido haciendo con la educación parecen una burla a la sociedad.

En mi opinión nos hemos empeñado en seguir un sistema encorsetado que no da libertad al profesor para enseñar y educar a su manera. Muchos educadores tienen ideas verdaderamente brillantes que aportarían muchísimo a nuestro sistema, pero no dejamos que se muevan, los tenemos completamente atados de pies y manos y les obligamos a ceñirse a un programa que cojea constantemente.

Creatividad, libertad de movimientos, aire libre y autodidactismo es lo que hace falta a este país, al menos en mi opinión. Me gustaría ver un aula donde el profesor mandara un trabajo acorde a las capacidades de los niños pero donde sólo se les diera unas directrices para que ellos, con investigación y creatividad, puedan dar rienda suelta a esa capacidad y aprendan lo que verdaderamente pueden llegar a hacer por ellos mismos. Hay que guiarles, sí, pero no que coartarles.

Ahora soy consciente de que no podría ser profesora en el sistema que tenemos y de que, en el fondo, he tenido mucha suerte, porque no habría podido adaptarme a la situación actual y habría tenido que tirar la toalla mucho antes de haber conseguido nada.