Un fin de semana en Lugo

La profesión de periodista deportivo tiene muchas ventajas y otros inconvenientes. Pero dentro de los pros, se encuentra el de viajar, aunque tenga que ser siempre en fines de semana y para seguir trabajando. Sin embargo, si sabes coordinarte, también puede servir para ir con tu pareja. En mi último partido, tuve que cubrir un Lugo-Real Valladolid, después de llegar en tren hasta la ciudad, lo siguiente fue acudir a una empresa de alquiler de vehículos, en este caso Mouronte, para poder conocer un poco más de la ciudad.

Lugo es una ciudad con un espléndido pasado romano como se puede ver en  la Muralla que la rodea que es Patrimonio de la Humanidad, pero también me gustaron mucho las Termas o su Puente Romano.

No nos podíamos ir de allí sin visitar la Catedral. Aunque ni mi pareja ni yo somos creyentes, nos gusta mucho visitar las distintas catedrales de España. En este caso la de Lugo nos gustó, pero por supuesto no le llegó a la altura de otras como Toledo, Burgos o Sevilla. Está chulo porque es una mezcla de estilos, por ejemplo su fachada principal es neoclásica, mientras que su planta es de cruz latina con tres naves. Consta de coro, órgano y capillas absidiales.

Cogimos el coche alquilado, pero sin salir de la ciudad, es muy agradable el paseo por el Parque do Miño, que abarca la franja longitudinal entre la carretera de Madrid (N-VI) y el margen izquierdo del río, desde el barrio de A Ponte hasta el de A Tolda, en la confluencia con el río Fervedoira, al orillas del cual continúa el parque periurbano de O Rato. Naturaleza en estado puro.

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Tapa gratis

Lo que más me gustó es su gastronomía. No te puedes ir sin comer su fabuloso pulpo. Me sorprendió mucho porque siempre había oído que el mejor estaba en Orense o La Coruña, pero el que degusté aquí no tiene nada que envidiarle. Además, otro punto a favor de esta ciudad es que dan tapa con cada consumición. Así aprovechas y visitas su casco histórico, donde es obligado hacer el recorrido sobre las Murallas de la ciudad bimilenaria. Datadas en el siglo III de nuestra era, conforman un cinturón de 2.200 metros perimetrales, con más de 70 cubos.

De ahí que os recomiende la ciudad lucense para un fin de semana. Ahora bien, los paisanos me dijeron que si pudo acuda durante las fiestas de San Froilán. Las plazas del casco antiguo de la ciudad se llenan de actividades, con especial atención a las dirigidas al público infantil, que tienen su “San Froilanciño”, y por las noches, acogen conciertos gratuitos con los mejores intérpretes. Me comentaron que esos dos fines de semana que abarca, Lugo se convierte en el epicentro de la vida social de Galicia, y que llegan visitantes de muchas zonas. Son las dos primeras semanas de octubre.

Por cierto, hizo bastante frio en esta mañana de noviembre en Lugo. Y lamentablemente el Real Valladolid no pudo regresar de Lugo con la victoria, sumó un empate y gracias. Así que devolvimos el coche alquilado, y tomamos el camino de regreso en tren. En mi próxima escapada por motivos laborales, ya os contaré más historias.