Una reprimenda a nuestra cultura social

Estoy un poco harta de leer diversos artículos en los que se nos aconseja a nosotras, las mujeres, sobre cómo ponernos guapas para ellos, los hombres. Es ridículo que en pleno siglo XXI se sigan escribiendo este tipo de tutoriales para estar perfecta en base a lo que supuestamente quieren los hombres y, lo más triste, es que este tipo de textos se pueden leer casi en cualquier parte: blogs, foros, revistas estéticas, publicidad de tratamientos e incluso medios de comunicación a nivel nacional.

Estoy un poco harta de leer diversos artículos en los que se nos aconseja a nosotras, las mujeres, sobre cómo ponernos guapas para ellos, los hombres. Es ridículo que en pleno siglo XXI se sigan escribiendo este tipo de tutoriales para estar perfecta en base a lo que supuestamente quieren los hombres y, lo más triste, es que este tipo de textos se pueden leer casi en cualquier parte: blogs, foros, revistas estéticas, publicidad de tratamientos e incluso medios de comunicación a nivel nacional.

Cuando leo algo con este carácter tan marcado como “percha” para escribir sobre el tema, me entran ganas de coger al redactor o al director del medio y estamparlo directamente contra una pared de tres metros de realidad actual. ¿Es que acaso no ven las noticias? ¿Es que acaso no saben que la juventud sigue teniendo un comportamiento machista típico de siglo pasado que debería ser atípico en nuestros días? Ese tipo de comentarios, al igual que otros muchos que parecen totalmente inofensivos, no hacen más que fomentar los cimientos de una sociedad patriarcal donde el feminismo está mal visto y la autonomía de la mujer pasa siempre por la supervisión del hombre, una sociedad que estamos intentando dejar atrás pero a la que mandamos mensajes contradictorios.

Por un lado le decimos a las niñas que son independientes y que tienen los mismos derechos y deberes que los niños, pero luego les ponemos películas de Disney donde la chica guapa siempre ha de ser rescatada por el príncipe apuesto, aunque vengan disfrazados de ladrones como en los títulos actuales de la productora, tipo “Enredados”, o de guerreros, como en “Mulan”. Las volvemos locas y luego, en la adolescencia, siempre acaban enamoradas del típico “chico malo y guaperas” del colegio.

Ya está bien de ser hermosa para ellos, de intentar tener lo que a ellos les gusta o de comportarnos como ellos quieren y, sobre todo, ya está bien de mandar este tipo de mensaje a adolescentes que piensan que eso es precisamente lo que deben hacer.

Mi estrategia

Cuando yo me quiero sentir bien conmigo misma y quiero sentirme hermosa tengo un ritual bastante gracioso pero que a mí me funciona como ninguna otra cosa: cojo un conjunto de ropa interior que, probablemente, nadie llegará a ver pero que a mí me hace sentir especial porque sé que la llevo puesta, como uno de estos sujetadores Playtex de Lencería Paqui (me encanta esa marca, me voy a hacer la colección completa), y salgo a comerme el mundo. Da igual que la ropa exterior sea la misma de siempre porque yo me siento poderosa con mi conjunto interior. Otras veces, si estoy sola en casa, me pongo mi pijama y cojo una buena copa de los mejores vinos de Alicante, de Bocopa, y la disfruto sintiéndome la reina, y más le vale al resto del mundo dejarme tranquila y no venir a molestar porque, en esos momentos, puedo llegar a morder si me tocan mucho las narices.

Eso sí que es sentirte bien, preciosa, y no necesito la aprobación de nadie, sólo la mía propia. Pero en lugar de fomentar este tipo de sentimiento, lo que hacemos es fomentar la extrema delgadez, la belleza para los demás y los estereotipos absurdos. Sigamos así, que vamos de mal en peor, y tal vez algún siglo de estos consigamos que el pensamiento colectivo cambie un poco más de lo que lo ha hecho en estos últimos años.

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